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Miss Agujetas

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Si es que… Murphy es un personaje como pocos. Primer día oficial de programa, firma de papeles con César, mi entrenador personal, visita a Manuela, que será mi coach y psicóloga durante estos seis meses que se avecinan, visto bueno por su parte para empezar y ¡ZASCA! me esnafro en las escaleras nada más despedirme de ella.

Resultado: esguince de tobillo. ¡Sí amigos! así de torpe soy a veces… y siempre con muy buena puntería.

Así iba yo, tan contenta por tener el visto bueno para empezar y las escaleras me atacaron con premeditación y alevosía.

Afortunada de mí, dentro de lo malo puedo decir que pudo ser peor: pude caer de más alto, romperme algo, doblar más el tobillo, dar con la frente en el interruptor de la luz y ya de paso dejarme una bonita cicatriz a lo Harry Potter en la frente… así que no me quejo y aprovecho estos días de reposo para ponerme al día con unas cuantas cosas que tengo pendientes y que nunca saco tiempo para hacer.

 

El batido de frutos del bosque y plátano es muy fácil de preparar. Para hacerlo solo necesitas una batidora o licuadora. Es un batido perfecto para desayunar o para tomar a media mañana o a media tarde si te entra antojo de dulces como a mí y no sabes cómo librarte de él.

La fruta le da el dulzor necesario al batido y no necesitas echarle azúcar ni edulcorantes para potenciar el sabor. Hoy he utilizado fresas y arándanos, pero puedes usar cualquier fruto del bosque que tengas a mano y combinarlos entre ellos según tus gustos. Sin más preámbulos, aquí os dejo la receta:

 

La crema de calabaza y col es una receta muy práctica para tener siempre en el congelador. Cuando no tienes tiempo para cocinar te saca del apuro sin que dejes de comer sano.

Es una crema muy suave y se puede comer como entrante. Al ser una receta muy nutritiva también es una cena perfecta acompañada de unas nueces y unos dados de jamón de pavo.

Aunque lleva algo de tiempo hacerla, es muy fácil de preparar y no requiere de demasiada atención, por lo que  puedes hacer otras cosas mientras se cocinan los ingredientes. Aquí tienes la receta:

Ayer tuve un día duro. Llevo varias semanas muy cansada y con el ánimo por los suelos y ayer digamos que toqué fondo… otra vez.

La razón es que revisando mi otro blog, me encontré con la que fue la lista de los tres primeros blogs que tuve y justo hace diez años que empecé con ellos. De los tres, el único que conservo es Letras Peregrinas, aunque lo actualizo de pascuas a ramos (últimamente la musa me visita más bien poco).

Uno de ellos se llamaba Con Mucho Gusto y en él hablaba sobre la puesta a dieta de mi ombligo, que de aquellas estaba también crecidito (menos que ahora, todo hay que decirlo) y antojado de dulces. Al releer las primeras entradas me di cuenta de que en el fondo, en estos diez años me he estado saboteando a mí misma y nunca he podido mantenerme firme en mi propósito de tener el cuerpo y la mente que quiero.

Es duro, porque cuando las cosas se ponen difíciles es fácil mirar para afuera y echar la culpa a las mil cosas que te pasan, a que te has cruzado con un gato negro, pasado por debajo de una escalera o sencillamente pensar que no ha pasado tanto tiempo y con ponerme seria un poco ya se soluciona el problema de fondo. La realidad es muy distinta y cuesta mucho más de lo que parece.

Dentro de tres días cumplo 33 años. Como uno de los propósitos que tengo este año es el de encontrarme mejor en todos los aspectos, entre ellos el físico, he decidido hacer una prueba de nivel, por decirlo de algún modo.

Y una vez más estoy en ese punto, en ese momento donde soy toda motivación y me digo que esta vez será la última vez, pero no porque me vaya a rendir, sino porque voy a perseverar (espero no equivocarme de nuevo).

¡Esta vez sí! ¡a por ello! ejem…

Ponerse a prueba es un reto que no siempre sale bien. En septiembre, cuando hice la prueba de nivel con la entrenadora personal, el resultado fue mucho más que deprimente. Me mareé nada más empezar y acabé encerrada en el baño del gimnasio vomitando lo poco que había desayunado.

La vuelta a casa fue un cúmulo de emociones negativas. Por un lado me sentía decepcionada de mí misma porque no había sabido mantener lo que tanto me había costado conseguir, que era tener un mínimo de forma física, por otro me sentía preocupada por notar que mi salud se había visto tan afectada como para que cuatro saltos y 10 minutos de movimiento hubieran causado tal estrago en mí.

Pero otra parte de mí utilizó esas emociones y esas sensaciones para motivarme aún más. “Al menos ya has empezado” me dije. Ese era el camino, porque seguir quejándome de lo que me ocurría, de mi dolor de espalda, de mi dolor de rodillas y de mi desánimo no me iba a llevar a mejorar. Pero el camino que veía delante de mí era demasiado cuesta arriba.

Recuerdo lo interminable que se me hizo el camino a casa (apenas 900 metros que se me hicieron eternos) y mi incapacidad para subir cuatro pisos de escaleras sin descansar lo suficiente antes de lanzarme a ello.

Así estaba yo subiendo las escaleras de mi casa… creo que a él le resulta más fácil XD

Pero hoy ha sido diferente. Aunque desde diciembre no hago ejercicio regularmente y apenas estuve una semana en enero motivada para arrancar de nuevo, me han hecho falta algunos días más para subirme de nuevo al tren (con la poca gana que tenía) y tomármelo más en serio.

Esta vez no quiero dejar que los dos meses de torturas a los que me expuse con la entrenadora se quedaran ahí, muertos de risa, mirándome perder de nuevo ese aliento que tanto me ha costado ganar. No quiero tener que volver a empezar desde un punto tan bajo de capacidad y con un cuerpo tan débil como el que estaba alimentando y descuidando.

Además, sigo con los 20 kilos de más encima y es una mochila muy pesada para mis articulaciones y para mi cuerpo que hace su mejor esfuerzo para trabajar con los recursos que le voy dando (y que no siempre son los mejores… pero quién puede resistirse a un delicioso trozo de tarta de dulce de leche… y el que diga “yo” seguro que no se resiste a una de chocolate jajaja)

Cuando me ponen una tarta delante después de tres meses sin probar dulce… XD

Hoy he decidido evaluar en qué punto me encuentro para poder trabajar para mejorar aún más. La verdad es que al llegar a casa me he llevado una sorpresa muy agradable. La idea era simple: salir a correr sin reloj y sin un límite claro, a ver cuánto era capaz de dar de mí misma.

Llovía, cosa que no me animaba demasiado, pero Mr. Agujetas con su santa paciencia insistió y al final, después de una parada estratégica chiringuitesca, en la que nos abastecimos de energía para empezar, nos lanzamos a la calle a darlo todo… yo, que para el Mr. esto es juego de niños (confieso que lo odio un poquito cada vez que yo resoplo y él se ve como una rosa corriendo a mi lado).

Empezamos a caminar para calentar un poco y a una de mis rodillas no parecía gustarle la idea. Pero al ver que no le quedaba más remedio que seguir al resto del cuerpo dejó de quejarse y empezó a portarse bien.

Así empezó una hora y veinte minutos de carrera, mi objetivo era ver hasta dónde podía llegar sin dejar de correr en ningún momento. Aunque hubo momentos en los que pudo haberme adelantado una viejita con andador así lo hice y no dejé de trotar-correr desde que empecé.

El resultado me dejó muy contenta aunque muerta de cansancio: 7,85km de sufrimiento a ratos, con pequeños paréntesis de alegría al ver que mis piernas respondían bien al esfuerzo y dos instantes (de menos de 30 segundos) de pura gloria al sentir que flotaba en los zapatos, poco antes de parar. Reconozco que aunque el ejercicio no es lo mío hoy lo he pasado bien y disfruté de la lluvia y del frío que me ayudaba a no sofocarme. Hasta agradecí tener los pies empapados por culpa de un par de baldosas traicioneras.

¡Yeah baby! aunque no subí igual las escaleras, el subidón era el mismo 😀

Fueron 80 minutos en los que por momentos pensé que iba a tener que parar y caminar, pero la tozudez (y la insensatez diría mi compi de piso, que es un poco demasiado prudente con estas cosas) me llevó a superarme y a sentirme muy satisfecha con la jornada, me ayudó a ver que mi torturadora personal… ejem ejem entrenadora personal, me ha ayudado mucho a fortalecer mi cuerpo y un poco mi espíritu para verme capaz de lograr seguir avanzando aunque me costara mucho.

Ahora queda empezar con buen pie a mejorar esta marca y a prepararme para la San Silvestre, que ya sé que queda mucho para eso, pero espero poder hacer la carrera con una marca mejor que la que he hecho hoy en la prueba, con eso ya me doy por satisfecha.

Así que esta nueva etapa empieza de forma parecida a la que fue mi mejor época en lo que a ejercicios se refiere, hace ya casi cinco años. Entonces partía de 76 kilitos y de un estado físico nefasto y ahora parto de casi 90 kilos, pero con un estado físico mucho mejor, así que digamos que la balanza está más o menos en el mismo lugar que entonces, aunque creo que podré mejorar antes por estar algo mejor físicamente.

A ver si no acabo diciendo en verano que me lo paso bien haciendo deporte… desde luego quien me viera no pensaría que soy yo jajajaja

Si leer adelgazara… ains…

Tendré que inventarme una nueva rutina jajajaja

Pero bueno, el que algo quiere algo le cuesta, así que a ver si la marca de hoy mejora en un mes. ¡Os mantendré informados!

 

¡Muy buenas!

Primero que nada me presento. Mi nombre es María José, aunque en este espacio personal me conoceréis como Miss Agujetas.

El por qué del nombre es muy sencillo y para eso he creado esta entrada, para hablar un poquito de lo que me ha motivado a iniciar este blog y a llamarlo como lo he llamado.

Tengo 32 años, casi 33 y mi vida se resume en dormir, trabajar, comer y pasar algo de tiempo libre con mi pareja y amigos. Vamos, lo que se viene conociendo como una persona normal de toda la vida.

Trabajo desde casa y mi día a día es muy sedentario. En los últimos tres años he subido la friolera de 20 kilos, ¡sí, 20! y nunca he sido un figurín, por lo que con estos kilos que he ganado me he echado en los hombros una mochila más grande que la que llevaría para hacer el camino de Santiago ¡y cómo pesa!

Así me paso los días... somnolienta y con poca energía.
Así me paso los días… somnolienta y con poca energía.

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