Si es que… Murphy es un personaje como pocos. Primer día oficial de programa, firma de papeles con César, mi entrenador personal, visita a Manuela, que será mi coach y psicóloga durante estos seis meses que se avecinan, visto bueno por su parte para empezar y ¡ZASCA! me esnafro en las escaleras nada más despedirme de ella.

Resultado: esguince de tobillo. ¡Sí amigos! así de torpe soy a veces… y siempre con muy buena puntería.

Así iba yo, tan contenta por tener el visto bueno para empezar y las escaleras me atacaron con premeditación y alevosía.

Afortunada de mí, dentro de lo malo puedo decir que pudo ser peor: pude caer de más alto, romperme algo, doblar más el tobillo, dar con la frente en el interruptor de la luz y ya de paso dejarme una bonita cicatriz a lo Harry Potter en la frente… así que no me quejo y aprovecho estos días de reposo para ponerme al día con unas cuantas cosas que tengo pendientes y que nunca saco tiempo para hacer.

Ahora estoy con mis maravillosas bolsas de guisantes congelados poniendo frío en el tobillo, con mi crema antiinflamatoria y descansando mucho con la pierna en alto. La verdad sea dicha, ya no sé ni como ponerme… me aburro de estar sentada tanto tiempo, pero como quiero recuperarme cuanto antes seré buena y no forzaré el pie.

Primer día y ya tengo tareas

Esto sí que es empezar el curso con ganas. Nada más firmar todos los papeles que cerraban el acuerdo para entrar en el programa Health del Pronaf, César me dio dos cosas: unas cuantas hojas con tablas e instrucciones y un acelerómetro. También me dio mucha información sobre lo que viene en los próximos días y que os iré contando poco a poco, que si empiezo a hablar ahora de DXA, tests genéticos (a ver si me sale que soy descendiente de Cthulhu o algo así…), pruebas de esfuerzo y demás, os espanto, y ese no es el plan…

Quedaos... ¡porfi, porfi!
Quedaos… ¡porfi, porfi!

Acelerómetro y bitácora foodie (que así suena chachi piruli)

Mi tarea esta semana es seguir haciendo mis rutinas habituales, pero por un lado tengo que apuntar todo lo que como con detalle, y por otro tengo que llevar puesto el acelerómetro todo el tiempo (salvo para ducharme pero porque no puedo meterlo en el agua) para que el equipo pueda tener un registro de mi actividad diaria. Vamos, que me van a “espiar” durante unos cuantos días para ver qué es lo que estoy haciendo de aquella manera y por dónde hay que empezar a trabajar.

Lo malo de que justo me haya pasado ahora lo del esguince, es que esta semana no va a ser nada representativa de mi día a día, porque me gusta mucho andar y estos días apenas voy a salir del entorno sofá, ordenador, cocina, cama. De hecho, al salir de la consulta con Manuela había pensado caminar un rato y pillar el metro unas cuantas paradas más allá por aprovechar el buen tiempo y moverme un poco, algo que hago prácticamente cada vez que voy al centro.

Otra cosa que no podré hacer son mis guías turísticas, algo que me fastidia un montón porque me encanta esa parte de mi trabajo. Por si queréis verme aquí estoy:

Justamente esta semana tenía tres rutas programadas que hemos pasado a un compi para que los que iban a hacer la ruta no se la pierdan y me ha resultado muy difícil tener que pedir que las transfiriesen a otra persona porque yo no iba a poder hacerlas. Creo que es lo mejor para recuperarme cuanto antes del tobillo, pero una parte de mí siente que ha fallado en el trabajo y eso me hace sentir que se abren las puertas del infierno y me llevan un poco agobiada.

Seguramente al final tenga que llevar el acelerómetro una semanita más para que sí se pueda ver lo que yo hago normalmente, que es andar mucho siempre que puedo y estar mucho más activa (aunque hay días en los que no me levanto de la silla en todo el día y si sumo 150 pasos ya es mucho, pero son muy excepcionales).

Por otro lado, mi segunda tarea es la de apuntar todo lo que como. Para hacerlo bien tengo que aplicar unas pautas concretas: apuntar a qué hora lo hago, dónde, cuánto tiempo estoy comiendo y también detallar las cantidades de las porciones de cada alimento. Cuanto más detallada sea la información mejor.

Para realizar esta tarea tengo un par de tablas que luego le daré a Alfonso, mi nutricionista y quien se encargará de quitarle la alegría a mis días me ayudará a comer mejor y a mejorar los hábitos alimenticios, para que por fin pueda tener las pilas bien cargadas, que con la de trabajo que tengo buena falta me hace.

El trabajo con la psicóloga es muy importante para no perder la ruta

Ha sido quedar con Manuela una vez y darme cuenta de que este camino no solo es más importante de lo que pensaba, sino que hay mucho por hacer. Pero también siento que con el apoyo adecuado y trabajando algunas pautas que se pueden mejorar mucho, lo que he conseguido en otros ámbitos también podré conseguirlo en este.

Además, Manuela me hizo ver que esto no es solo un aprendizaje para perder peso, sino que vamos a trabajar en estrategias que me van a ayudar a la hora de enfrentarme a cualquier nuevo reto o proyecto que llegue en el futuro, pues en cierto modo, el cambio físico va a ser un reflejo de un cambio más profundo y que va a influir en todo lo que me rodea.

Ha sido una reunión muy agradable y necesaria en la que me he sentido muy bien, capaz y con ganas aunque también con nervios, esos típicos nervios del primer día de clases, del primer día de trabajo, del primer día que por fin consigues un cliente… vamos, del primer día de todas las cosas importantes que vamos alcanzando en nuestra vida. Ha sido un empujón en el buen camino y ¡qué ganas!

Ahora solo me queda decir que, a pesar de la “mala pata” inicial, ¡voy a por todas! y estoy encantada 🙂

¡Vamos allá! Motivación al 100% ¡Vuela lejos de los antojos, Falkor!

 

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